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 | La depresión |
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La depresión: Estreñimiento mental
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Hace tres años vino un señor con depresión a la consulta, acompañado de su familia; primero había estado ingresado en el hospital por este problema, sin poder encontrar ninguna solución. Según los informes de sus familiares le habían pronosticado dos o tres meses de vida, así que estaba esperando a morirse. No comía, ni hablaba, ni salía a la calle; se pasaba todo el día llorando en casa. Su familia ya no sabía que hacer, como casi todas las que se ven en tal situación. Por casualidad se enteraron de mi consulta en Madrid y vinieron rápidamente, buscando un milagro. Son muchos los pacientes que vienen a la consulta como última posibilidad, cuando están muy graves y ya han renunciado a la medicina para que les cure.
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La cara de aquel hombre estaba ausente, no le importaba nada, sólo esperaba la hora de morir. Le pinché directamente sin explicar nada acerca de su enfermedad; tuve la impresión de que le daba igual curarse que no. El tratamiento consistió en controlar su meridiano de los triples recalentadores y tonificar el del intestino grueso para que tuviera más energía y ésta circulase mejor por todo el cuerpo.
Con esto desapareció la depresión y el hombre salió de la consulta muy mejorado. Le mandé venir dos sesiones más esa semana para terminar el tratamiento, aunque su familia quería que viniera más días por temor a perder el efecto ganado; pero les explique que no era necesario, porque el cuerpo tenía ya suficiente fuerza para llevar su ritmo controlado. Normalmente los pacientes con depresión no tienen que volver a tratarse. Al final se marchó con su familia llorando de alegría, y yo respiré tranquilo al comprobar que la medicina natural había vuelto a demostrar su eficacia una vez más.
Varios meses después vino a la consulta de la Fundación para elevar un poco su estado general, y aún sigue viniendo, pues según dice es una alegría venir a la consulta una vez al mes aunque se encuentre bien.
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Después de tres años, ese señor está llevando su vida normal, yendo al bar, arreglando la casa, cazando con sus amigos... Cuando compruebo los casos de depresión, siempre me surgen las mismas preguntas: ¿Qué pasaría si no expulsásemos el aire inspirado, aunque sea puro? ¿Qué ocurriría si no eliminásemos las cosas ingeridas, aunque sean buenas? Entonces, ¿por qué no olvidamos nuestras preocupaciones para así no llegar al estreñimiento mental?
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